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31/07/2015

El Antigüo Testamento y las hemorroides, un castigo divino

Los pasajes de la Biblia que las indican como castigo infligido por el Todopode

No son pocos los fragmentos, sobre todo del Antigüo Testamento, que hablan del modo en que la humanidad desobendiente al querer de Dios haya sido castigada en los más crueles modos: basta recordar, por ejemplo, las siete plagas de Egipto infligidas al faraón Ramsés (y a su pueblo) que no quería conceder la libertad al pueblo hebreo, o el diluvio universal con el cual el Todopoderoso decidió cancelar de la faz de la tierra al hombre y su injusticia.  

Tal vez no todos saben que, entre los castigos divinos, también las hemorroides están bien representadas. En el antigüo libro del Deuteronomio, por ejemplo, se puede leer que "El Eterno te castigará con la úlcera de Egipto, con las hemorroides, con la sarna y la tiña de las cuales no te podrás curar" (28:27), castigos destinados a quien rechazaban obedecer el querer del Señor.

También los Filisteos, quienes se habían manchado con el crimen de haber robado al pueblo hebreo el Arca de la Alianza que protegía las tablas con los diez mandamientos, tuvieron un destino no propiamente envidiable ya que "El Señor golpeó a los hombres de la ciudad, pequeños y grandes, y un flagelo de hemorroides reventó en medio a ellos" (Libro de Samuel, 5:9)

Más allá de aquellos que puedan ser los significados de estas antigüas citas bíblicas, y sin querer incomodar las interpretaciones de los expertos o su significado religioso, podemos afirmar, sin duda, que las hemorroides eran vistas como un gran problema ya desde los tiempos más remotos. No se trata por ello de una enfermedad moderna, sino de algo que la humanidad ha sufrido por milenios como lo demuestran también el código de Hammurabi y los textos médico de los antigüos griegos y egipcios.

Afortunadamente, durante todo este tiempo han sido probadas prácticas siempre más efectivas para contrastar los problemas de las hemorroides como, por ejemplo, las técnicas quirúrgicas conservadoras y menos invasivas que, puestas al lado de la prevención, permiten debelar en modo simple y definitivo aquello que por mucho, mucho tiempo era considerado un verdadero y auténtico "castigo divino".

 



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La destruccion de Sodoma y Gomorra (detalle) en un cuadro de John Martin, 1852.